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Viejas Prostitutas Cap. I: Mi primera vez


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Relato enviado por : wolfy1974 el 09/06/2012. Lecturas: 18542

etiquetas relato Viejas Prostitutas Cap. I: Mi primera vez Maduras .
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Resumen
Descargué todo el contenido de mis bolas en la vagina de esa vieja puta, ella apretó las piernas y contrajo la vagina sugetando mi pene cada vez qué expulsaba un chorro de leche en su vagina.


Relato
En mi adolescencia, el estudiar en un colegio masculino, se reciben muchas influencias y se limitan las experiencias sexuales debido a la escacés de chicas. Sólo el contacto con la noviecita del barrio o la prima calentona.

Gracias a mi dura educación familiar impartida por mi abuela, no me volví homosexual, pero al igual me quedó cierto gusto por las mujeres mayores. Esto me lleva a narrar la siguiente historia.

Era el año 1991, tenía 17 años, tuve que visitar el centro de la ciudad, un día sabado caída la tarde. Mi encuentro con prostitutas había llegado sólo a saber que existían en burdeles y en ciertas partes de la ciudad, que eran mujeres jóvenes y mañosas. Les tenía miedo debido a su forma de actuar y eso me mantuvo lejos de ellas. Como en toda ciudad grande, hay ciertas zonas donde se ejerce la prostitución y lo que llegué a aprender por la experiencia y por la red, es que las hay desde menores de edad hasta mujeres de 80 años.

Ese día salí en busca de cierto libro que necesitaba para hacer un trabajo para el colegio. Como casi no salía del barrio, me dí prisa en buscar dicho libro que sólo se conseguía en esa parte de la ciudad. Al bajarme del bus, me dí cuenta que había un par de señoras dialogando, luego un señor se acercó a una de ellas y se fueron aparte. Pasé junto a la pareja y escuche:

—Vamos allí a la vuelta…— decía ella
—Pero cuanto nos demoramos — preguntó el señor
—Lo que mi amor desee

No escuché más, pero deduje de inmediato que la señora era una prostituta, me asombró la edad, al menos tendía unos 50 años, y su compañera una edad similar. Me quedé observando un instante y la pareja se separó luego de la conversación, la señora se volvió donde su compañera y continuaron esperando.

Yo decidí cruzar e iniciar la búsqueda del libro, recorrí varias librerías del lugar hasta que casi una hora más tarde lo encontré. Me dirigí a la parada del bus, pero me intrigó el fenómeno que había observado una hora antes. Apoderado de la tentación, y a pesar de ser casi las 7:00 de la noche, decidí volver a la calle donde había visto a las dos damas. Con el corazón en la mano de la emoción, ya en ese momento había contemplado la intención de conocer a una mujer mayor intimamente, de cómo seria su cuerpo, su sexo, si lo haría mejor que una adolescente con las que estuve antes. En fin estaba hecho un mar de excitación.

Llegué a la calle donde de un momento a otro se abrió un nuevo horizonte de mujeres de diferentes edades, los locales comenzaban a cerrar y el flujo de personas comenzó a disminuír, por eso estas mujeres se encontraban en las esquinas en grupos, o recostadas en la pared de algunos locales abiertos. Recorrí 4 cuadras donde podía escoger la mujer que quisiera. Decidido a experimentar, me devolví al lugar donde había iniciado mi observación. El miedo se convirtió en lujuria, las mujeres jóvenes se me ofrecían, las evitaba, mientras las mayores permanecían observando.

Buscaba a la pareja de señoras que observé al llegar, pero no las allé. Como había observado otras maduritas, decidí devolverme de nuevo. La ansiedad de probar una vagina vieja pronto me tenía el pene erecto, el bulto quedaba escondido ya que vestía una chaqueta larga, pero sentía como salía mi líquido seminal. Llegando a la segunda cuadra, en una esquina estaban sentadas tres señoras hablando, decidí esperar frente a ellas simulando esperar el bus, las observaba tímidamente, era mi primera experiencia en esa zona a esa hora. Una de ellas de unos 40 años, morenita y bajita, estaba hablando con dos de unos 60 años, una de ellas, de tez blanca cabello corto y gris, la otra morena de cabello negro en hongo. No me animé a hablar con las ancianas hasta que estuviera alguna sola. Me daba mucha pena ir en busca de mujeres como ellas, debido a mi edad, por allí sólo se vehían hombres mayores de 30 o 35 años.

Un señor se acercó la dama de 40 y luego de una corta negociación se fueron juntos. Miré la hora y ya eran las 7:30, se me pasó el tiempo y la calle estaba más solitaria. Un anciano se acerca a las damas de la noche y entra en conversación con ellas, la de tez blanca se vá con él a parte y queda la morena. Yo la observé y ella me devolvió la mirada y luego la cambió de nuevo. Volvía mirarla insistentemente, a lo que ella me sonrió y me guiñó el ojo, le sonreí, ella se levantó de su banquita y se me acercó.

—Hola mijo ¿Cómo está?
—Bién, si señóra y ¿usted?
—Con frío mijo, ¿Ya se va para su casa?
—Sí señora.
—Es lo mejor, mire que usted es muy joven y le puede pasar algo. ¿Ya había venido por aquí?
—No señora, es mi primera vez… ¿Y usted que hace por aquí a esta hora, sola?
—Haciendo raticos. —Sonrió, yo en cambio estaba de nuevo exitado. — ¿Cuántos años tiene?
— ¡17!
— ¡Huy! Está pollito. Pensé que era mayor desde lejos, pero al acercarme me equivoqué.
— ¿En qué?
—En pensar que quería ir un rato…
—Y… ¿cuanto vale? —Dije con suavidad.
— ¡Mil quinientos y paga la pieza! —Yo pensé que el costo era más caro, así que acepté.
— ¡Mmmmmm! Bueno… ¿Cuánto dura?
— ¿El rato? Lo que se demore mijito, hasta que heche el polvito. — Ella volvió a sonreír.
— ¡Entonces vamos!
—Si quiere me voy delante si le dá pena y entra donde yo entre, ¿Me entiende?
—Si señora.

Ella siguió adelante, yo me fui detrás de ella a un par de pasos, pensaba entretanto si debía continuar o devolverme para la casa, pero el demonio de la curiosidad me invadía y no me pensaba retirar hasta cumplir mi objetivo. Ella dobló la esquina y caminó hasta la mitad de la cuadra, entró por un pasadizo, yo la seguí, ella me estaba esperando.

—Bueno mijo, subimos y buscamos una pieza.
—Siga, voy detrás — y comenzamos a subir unas escaleras, Miraba sus piernas gruesas bajo su falda, tuve la tentación de tocar su entrepierna mientras subíamos pero me contuve. En el nivel superior se encontraba una señora gorda de unos 40 años.
— ¡Buenas noches! —Saludamos.
— ¡Buenas! Sigan. —Contestó la encargada.
—Ya vuelvo. —agregó la sexagenaria. —Ven vamos al fondo, allí no nos molestarán. —Yo la seguí emocionado, ya era un hecho que me acostaría con una anciana. —Entremos en esta habitación.
—Sigame una cosa ¿Cómo se llama?
—María, María la bandida —Sonrió— Y ¿Tu? —Ya comenzó a tutearme…
—Juan
—Bueno Juan, dame quinientos para pagar la pieza. —Le dí el dinero y salió.

Me quedé en el cuarto, pequeño con una cama semidoble, un TV a color en un cajón en la pared, y un bañito adjunto. Me sente en la cama y me dispuse a esperar. Al rato llegó doña María, venía con un preservativo y un rollo de papel en la mano, cerró la puerta y se sento a mi lado.

— ¡Listo Juanito! — me acarició las manos. — ¿Verdad es la primera vez que viene por aquí?
—Si señora.
—Mucho cuidado con meterse con mujeres sospechosas, algunas hasta los roban, sobretodo las más jóvenes y lanzadas. Es mejor que busque mujeres maduras, somos más serias y cuidamos a nuestros clientes.
— ¿En serio?
—Sí, además las mujeres como nosotras sabemos respetar y como tenemos pocos clientes somos más sanas. Pero venga y deje ver esa cosita.

Me pare frente a ella y me comenzó aflojar el cinturón, me bajó la cremallera y luego los jeans, bajó mi boxer y salió mi pene erecto destilando líquido preseminal por mi glande.

— ¡Hummmm! Está mojado, tiene muchas ganas, a ver… —Corrió mi prepucio con cuidado completamente, lo revisó con cuidado. —Está sanito mijito, nosotras siempre revisamos porque a veces una halla sorpresas.
— ¿Verdad?
—Si, hay viejos mañosos que la quieren joder a una sin revisarse y casi siempre tienen alguna enfermedad.
— ¿Y que hace en esos casos?
—Despacharlo, y si se pone canzón se llama a la policía...... Pero a lo que vinimos.

Ella vestía una falda gris hasta la rodilla, una blusa blanca y un saco de lana negro, medias—pantalón color piel y zapatos negros de tacón medio. De complexión rolliza, manos gruesas morenas como su piel y piernas gruesas con ciertos nudos que no había notado en la calle. Igualmente esta ansioso por acostarme con ella. Se quitó el saco, se quitó sus medias, sus calzones y su falda, conservaba puesta su blusa. Yo en cambio me desnudé totalmente.

—Venga mijo y se baña. Por salud. — La seguí al baño y con agua tibia del lavamanos me enjuagó el pene, luego me lo secó con una toalla. Ella hizo lo mismo con su vulva sentada en el sanitario. — ¡Listo! Ahora sí, vamos.

Se inclinó junto a la cama mostrando su enorme cadera, un poco caidos sus gluteos pero no tanto para conservar su curvatura natural a pesar de su edad. Ella corrió las cobijas y se acostó sobre la sábana, yo observé su entrepierna y ví que tenía pocos pelos en su vulva, negros aún. Con sus piernas estiradas, observé que tenía vena várice desarrollada en la pierna derecha y unas pocas venitas en la izquierda.

—No me mire tanto que me apena, tengo unas piernas horribles.
—No interesa, eso la hace deseable
— ¿Verdad? Además ellas se hacen para los lados, lo que importa está en medio… —Y sonreía al terminar. — ven mijito que me voy a enfriar.
Me acerque a ella: — ¿La puedo besar?
—Nó mijito. No debe pedir besos a cualquiera, tiene que cuidarse.
— ¿Entonces puedo ver su vagina?
—Claro mijo, debe ver lo que se come. —Flexionó un poco sus piernas y las abrió.

Acaricié su vulva, estaba caliente y suave, sus labios se abrian como una flor, oscuros y delgados. Metí mi dedo en su vagina, estaba caliente y poco lubricada lo que le molesto a María. Me subí a la cama y me metí entre sus piernas.

— ¿Qué va ha hacer?
—Oler su cuquita… ¿se la puedo besar?
—Bueno, pero no me la vaya a morder.

Sentí en mi rostro el calor de su vulva, la doña estaba caliente de culearse a un joven como yo, primero le dí besos y luego metí mi lengua desde el clítoris hasta la vagina, recorrí los pliegues de los labios y terminé de nuevo en su bolita.

— ¡Assss! ¡Aggggg! ¡Mmmmm! ¡Rico! —Gemía María. —Lengueteé su conchita un rato, hasta que ella retiró mi cabeza de su entrepierna. —Rico mijito, pero a eso no vinimos, venga y la mete un ratico
—Bueno. —Me estaba acomodando entre sus piernas, cuando ella se incorpora tomando el condón de la mesita auxiliar.
— ¿Te lo quieres poner? —Mostrándome el condón aún en su empaque
— Y ¿Es necesario?
— ¡Desde luego! Pero tengo mi conchita sanita, metemelo así, es más rico, no corres peligro conmigo, voy frecuentemente a mi examen médico.
—Entonces, venga. —Ella se acuesta de nuevo, me acuesto sobre ella, nuestros genitales se juntan…
—Qué grande se siente y duro, ¡los sardinos como tu si la tienen dura!
—Y usted la tiene calientísima…
—Claro mijo, soy una abuelita muy caliente, venga le ayudo. —Ella toma mi pene y lo acerca a su vagina. Corre el prepucio y lo deja listo. —Ahora si, papi, empuje.
— ¡Ohh! ¡Que delicia! —Mi pene fue entrando en esa gruta que era visitada por una verga diferente cada día. A pesar de ser una meretriz, tenía su vagina estrecha, estas abuelas saben sus mañas para conservarse al día.
— ¡Hummmm! Juanito, que verga tan rica tienes…
—Espere se la acabo de meter. —Aún no estaba tan lubricada, así que la fricción era intensa, su vagina caliente me excitaba aún más.
— ¡Ahhhh! ¡Mmmmmm! ¡Ohhhh! ¡Rico! —Agitaba lentamente su cadera meneando su vagina con mi verga adentro. Yo comencé el mete y saca característico de una buena culeada.
— ¡Ahhh! María que rica estás... —Trataba de acariciar sus senos por encima de la blusa y besaba su cuello que era lo único que permitía.
— ¡Mijito! ¡Dale, dale!
—Mariíta, ven quítate la blusa.
— ¡Mmmm! Bueno. —Ella se incorporó de nuevo y le saqué el pene. Le ayudé a quitase la blusa, se sacó las tiras del sostén exponiendo sus senos sin quitárselo.
— ¡Qué lindas! —Y procedí a acariciarlas
—Bueno, ven que el tiempo se nos pasa y ya está tarde. —Ella se volvió a acostar y mi verga entró de nuevo en su conchita.
— ¡Qué delicia! —Continué meneandome sobre ella, sentía sus suaves y grandes senos en mi pecho.
— ¡Ohhhh! Chupa tetica mi amor…— Ella me mostró con su mano su seno derecho, yo comencé a lamerle el pezón erecto de la doña y luego comencé a mamarlo suavemente con mis labios. María comezó a moverse más rápido. — ¡Dale, dale! Me la vas a sacar…
— ¡Hummmm! ¡Hummmm! —Pujaba yo, penetrandole la vagina ya mojada.
— ¡Ahhhh! ¡Ayyy! ¡Mmmmmm! — un espasmo invadió la cadera de María y quedó quieta. — ¡Qué rico mi cielo!
— ¡Qué goce! ¡No pensé que una abuela culeara tan rico!
— ¡Sí, mijo! Y tu me sacaste un orgasmo…No es frecuente que se lo de a algún hombre, casi siempre acaban antes que yo.
— ¿En serio? —Yo seguía bombeandole la concha, ahora mojada por sus jugos vaginales.
— ¡Siiiií! Vamos dale, acaba mijito…—Ella me abrazó fuertemente, traté de besarla pero ella giraba la cara, cerró los ojos y apretaba la boca, me acarició los testículos y al rato un espasmo ya conocido me indicó que iba a eyacular.
— ¡Aaaaahhhh! ¡Ufffff! —Descargué todo el contenido de mis bolas en la vagina de esa vieja puta, ella apretó las piernas y contrajo la vagina sugetando mi pene cada vez qué expulsaba un chorro de leche en su vagina.
— ¡Oh! Casi no acaba mijo, ¡Qué polvazo!
—Si señora, es usted una experta. —Me separé de ella sacando mi verga aún erecta, un flujo de semen salía lentamente de su vagina, blanco y espeso, ella tomó un trozo de papel higiénico y se secó su vulva.
—Los años mijito. Ven te limpio, aún la tienes dura. —Y cogió suavemente mi verga y la secó.
—Oiga María, ¿Cuántos años tiene?
—62 recien cumplidos…
—Y…¿Tienen marido…o novio!
—No mijo, mi marido me abandonó hace muchos años, y en este trabajo no se puede tener novios, por los celos. Es mejor vivir sola.
— ¿Y conquién vive?
—Con una hija y un nieto, pero como le alcanza el dinero que gana para los gastos, me vengo y hago raticos. Con eso ayudo con algo de dinero, por mi edad no me contratan.
— ¿Y desde cuando lo hace?
— ¡Mmmmm! Cómo pregunta… desde hace cuatro años, no es tan malo, me gusta, quito las ganas y gano algo.

Entramos por turnos al baño y nos aseamos nuestros genitales. Luego nos vestimos, satisfechos los dos. Le pagué el rato a la señora María, que se había olvidado de cobrarme. Salimos del Motel y nos dirigimos al paradero de buses. Allí tomamos el mismo transporte ya que coincidencialmente viviamos en barrios muy cercanos.

Desde ese día quedé prendado de las vaginas de las abuelas, son muy ricas y estas experimentadas mujeres hacen las delicias de muchos hombres, muchas de ellas en la clandestinidad.

De si volví con María, por supuesto, unas 4 veces más antes de graduarme, luego en la universidad conocí a una joven y nos ennoviamos. Cuando volvía a buscar a María ya no estaba, sus compañeras me contaron que se había ido para el campo a reclamar una herencia, no la volví a ver más.

Pero aún me queda una narración más… un día no encontré a María, pero estaba la otra señora.

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Comentarios enviados para este relato
Edwar manuel (6 de September de 2012 a las 08:27) dice: Vaya que ricas

carlosy2g (21 de June de 2012 a las 21:05) dice: cool chido rrelato amigo


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